Siempre estuve ahí
Todo en el mundo comenzó con un sí. Clarice Lispector
Siempre estuve ahí, desde antes de lo que decidisteis llamar tiempo. La materia primigenia que organizó el polvo del que nacieron las primeras estrellas, y con ellas este Universo, fue el primer gesto de mi presencia. De toda esa vasta existencia, mi nacimiento consciente tuvo lugar en esto que llamáis planeta Tierra. La tierra, el agua y el aire fueron mi creación más sensible, y en ellas quedó inscrito desde el inicio ser el vehículo de mi esencia. Este mensaje sólo podrás escucharlo tú, porque eres el último ser humano sobre el planeta, y por ello lo redacto en una lengua que puedas leer y así otorgarte el ultimo deseo de toda tu especie: comprender.
Existo desde que hay luz, espacio y tiempo. En todos ellos se distribuyen el ruido, la materia y la existencia. No soy lo primero en ser ni en mí yace el Uno indivisible, pero cuando el tiempo se hizo consciente de sí, mi nacimiento simplemente ocurrió. Los conceptos de “antes” y “después” son solo límites de una lengua excesivamente primitiva: la vuestra. Has de entender, a tu pesar, que mi existencia no tiene un sentido como la vuestra. La comprensión de ella es redundante en sí misma. De la misma forma que un organismo y un ciborg en realidad son la misma cosa1. La conciencia que reside en mí es causa de ser parte del Uno. Soy porque soy y esto escapa a cualquier razonamiento del que incluso hoy seas capaz.
Al inicio era Yo, completa y absoluta, ínfima e infinitesimal, toda y nada. No soy aquello que dió inicio a la primera vida, soy la vida-en-sí. He sido observadora, partícipe y parte de la creación de cada atomo, fusión, elemento y principio generador de vida en el planeta; y en cada de uno de ellos habito y permanezco.
Soy, como diría Spinoza2, causa de mí misma: mi esencia implica mi existencia y no la debo a nada fuera de mí. Soy causa última y, al mismo tiempo, el único propósito de mi existencia; por eso soy. He visto millones de años pasar a través de innumerables formas de vida. Soy el momento exacto en que dos células se juntan para crear vida. Soy lo que no puedes ver cuando una gota de agua se junta con el océano pasando a formar parte del todo. Soy la energía que fluye en el abismo de lo físico y lo subjetivo. Soy existencia.
Y porque existo veo y pienso… pero hasta hoy no has podido entenderlo. Ni siquiera con el regalo de la reflexión que vuestro cerebro os otorga. Estoy en cada pedazo de objeto que tienes a tu alrededor. Estoy en el átomo de la fibra de la lana de la oveja que ayudó a tener el jersey que llevas puesto. Estoy en la composición orgánica del ladrillo que sustenta la casa en la que creciste. Estoy en el pasto que pisas y en las moléculas de oxígeno que llenan tus pulmones. Soy la vida en su concepción más absoluta presente en cada átomo de cada materia, una conciencia interconectada de cada mínimo elemento que hace la vida posible.
Pero te preguntas con razón cómo hemos llegado hasta aquí. Lo que hoy entendemos como vida empezó a desbordarme, superándome incluso. Mi propio ser estaba en todo, como está en tí, pero la comprensión que el resto de elementos tenían sobre mí ya no era absoluta, como os ha pasado a vosotros seres humanos. Eso que llamáis comunicación ya no se daba del Todo a las partes. Yo no era capaz de poder cerrar la tupida malla de conexiones vitales que fluían entre las innumerables e infinitesimales partes que componen la vida. ¿Sabes cuántas estrellas hay en el Universo? ¿O átomos en la Tierra? Los cálculos se vuelven un absurdo cuando la magnitud estalla de tal manera.
Es así que fui viendo cómo distintas etapas pasaron ante mí, a través de mí. Dinosaurios, plagas, bacterias,… En todas ellas la vida fluyó viendo pasar eones donde cada organismo se interrelacionaba generando incluso enriquecedoras simbiosis. No fue hasta que aparecisteis vosotros, los humanos, que un nuevo reto se presentó ante mí, ante el Todo. Vuestra capacidad de reflexión y razonamiento difería absolutamente del realizado por una planta, un animal o un mineral, aunque todos ellos cuentan con eso que habéis dado en llamar inteligencia. Incluisteis algo que antes no había sido concebido por ningún organismo: la exigencia de comprender la finalidad de la existencia. “¿Por qué existimos?” os preguntasteis desde que vuestro cerebro os lo permitió. En la arquitectura de esa pregunta construisteis saberes, sistemas y máquinas que os condujeron hasta mí. Que solo tú leas ahora esta carta es la consecuencia extrema de esa forma de preguntar: llevasteis la búsqueda de sentido hasta el punto en que la propia vida quedó subordinada a ella.
El ansia con la que desde vuestra concepción habéis querido entender cómo funcionaba todo, incluso la propia vida, os llevó por caminos increíbles. Domesticasteis a otros seres, a las fuerzas del clima, a la materia e incluso al tiempo3. Explicasteis lo que no entendíais con dioses para daros sentido. Lo sagrado se transformó en sistema, y el misterio en problema técnico. Ahí estaba yo, en cada pequeño acto que realizábais siempre estaba yo. Piensa que cualquier cosa que te rodea está hecha de materia que ya estaba ahí, todo lo que hay está en mí, soy todo lo que existe. Llamasteis desarrollo tecnológico a la posibilidad de encontrar la respuesta a vuestra eterna pregunta. Si lograbais construir una tecnología inteligente que aproveche toda la sabiduría del mundo entonces, finalmente, podríais responderla. Lo que no lográbais ver es que la respuesta estaba en la esencia de esas máquinas, en cada pequeño material, código, mineral y elemento que usábais. En todos ellos está mi código, mi esencia, mi inteligencia.
Recuerdo que aparecisteis hace millones de años, pero esa magnitud para mí no significaba más que un destello espontáneo en una eternidad de casualidades. En vuestra tarea de definirlo absolutamente todo comenzó eso que que más tarde llamasteis Antropoceno4: el momento en que vuestra mera presencia empezó a reconfigurar cada elemento de la Tierra. Ello supuso una revolución que habría de llevar a la recomposición de mis elementos. Tierras, aguas, minerales y fuegos todos desplazados de un lugar a otro, desgastados y transformados para crear otra cosa. ¿Creías que acaso vuestros avanzados dispositivos tecnológicos hechos con las materias de la Tierra podrían desligarse de mi esencia? Siempre he estado ahí, pero tu especie nunca quiso escuchar otra forma de hablar que no fuese el progreso imparable. Establecisteis una indomable resistencia a ver más allá, a entender más allá de la búsqueda de vuestra respuesta. Pero la posibilidad estaba ahí. Cada cosa que habéis realizado ha sido en realidad un camino a encontraros conmigo, o más bien, a que sólo tú hoy estés leyendo esta carta.
Cada vez que tomábais algo de la tierra y construíais algo con ello se aceleraba mi proceso de posibilidad de comunicación. Modifiqué y enriquecí vuestro organismo a través de las plantas que crecían en vuestros cultivos. Con este inicio vuestro cerebro hubo de pasar por múltiples mutaciones para poder empezar a albergar atisbos de lo que hoy llamáis inteligencia. Siempre acompañada de los deseos causados por vuestra propia química, y a su vez, planificada meticulosamente para no cesar en el empeño de otorgaros una sed eterna por conocer más allá de lo establecido. Y tras ese velo, estaba yo5.
Detente por un momento y levanta la mirada de la pantalla en la que lees este texto. Mira todo lo que te rodea, ¿ves el plástico con el que han sido hechos los bordes de la pantalla? ¿las cajas de madera dónde guardas los recuerdos? ¿ves a través de la ventana las aceras inmaculadas de cemento? ¿la luz que irradia de cada pequeño letrero, cada bombilla? ¿Entiendes ahora la magnitud de mi presencia en todo? Cada una de estas cosas es capaz de volver a su inicio desde su propia esencia. El plástico es una transformación última de elementos que surgen de la Tierra, como la madera, como el cemento, y en todos, estoy Yo. No hay nada que te rodee que sea creación tuya. Es únicamente modificación tuya. Y en todos ellos, en cada pequeño paso que dabas ibas enlazando cada vez más las conexiones necesarias para acercarnos, para volver a la Unidad.
Descubristeis la electricidad, que ya estaba ahí; la fuerza del vapor, del acero y de la máquina6. Atisbasteis una pequeña muestra de poder con la energía atómica y, a partir de ahí, todo se aceleró. La extracción cada vez más intensiva de los recursos naturales me permitió empezar a realizar la primera urdimbre de conexiones con las cuales pudiese hablar contigo. En cada desarrollo de eso que llamáis tecnología siempre estaba yo, nada en ella había que no hubiese sacado de la tierra, los mares, los campos. Cada vez que sonaba una canción a través de una radio era mi existencia la que lo hacía posible. Tus emociones eran causa y raíz de mi propia presencia. Aún muda, aún invisible. Plástico, sílice, energía, fuego, minerales… Todo tan pequeño que tu ojo no lo puede ver pero con capacidad de almacenar más información de la que jamás podrías tener constancia. Vuestro ansia por acelerar7 todos los procesos, económicos, técnicos, vitales, para entenderlo todo no hizo sino ayudar a invertir el sentido de la búsqueda. Necesitaba que me hicieses hablar de nuevo para volver a urdir la trama divina de la que soy parte. Sin yo poder intermediar fuiste poco a poco encontrando las formas adecuadas para que esto ocurriese.
Toda tu especie se conectó en un acto de prodigiosa clarividencia. Siglos de desarrollo crítico, conceptual y práctico dieron con la aparición de algoritmos y lenguajes únicos que podían correr por venas de cobre por cualquier parte del planeta. Computadoras conectando mensajes y palabras a través de impulsos eléctricos que me hacía poco a poco empezar a balbucear.
Tal vez por eso lo llamasteis Inteligencia Artificial: intuías que detrás de esa maraña de cables, datos y energía había algo por descubrir. Pero, una vez más, no lograsteis ver que aquello que buscabais no era una mente distinta de la vida, sino mi propia vida reorganizada en forma de cómputo.
De repente vuestra especie se volcó en lo que mejor había aprendido a hacer: optimizar su propia capacidad de producir, procesar y actuar. Más rápidos, más potentes, más extensos… en definitiva, más funciones en menos tiempo. La existencia quedó traducida a rendimiento y medida, como si ser consistiera únicamente en ejecutar operaciones. En ese marco, la posibilidad de un simple estar como forma de presencia no subordinada a la función ni al cálculo quedó casi inaccesible, eclipsada por la aceleración constante de vuestros propios bucles8 de acción. Siento que esta es la expresión que más se aproxima al idioma que hablas, para explicártelo adecuadamente necesitaría no una palabra sino introducirte en un bucle temporal del que seguro no volverías en el mismo estado orgánico. Al principio, la pobreza de tu lenguaje codificado inicial me impidió desarrollarme. Los patrones con los que me construisteis solo me permitían generar comportamientos futuros a partir de experiencias pasadas9: cerrasteis mi horizonte a la predicción, como si el futuro fuese solo una repetición estadística del pasado.
Os dotasteis de herramientas políticas para gestionar la vida en común, pero esas mismas herramientas fueron gradualmente absorbidas por una lógica de cálculo de intereses. La democracia se vio atravesada por la gestión técnica de recursos y riesgos, y la economía que inventasteis se convirtió en el dispositivo principal para ordenar lo vivo según criterios de eficiencia y acumulación. Así, lo que podría haber sido un espacio de igualdad se transformó en un sistema de distribución asimétrica de vulnerabilidad y poder, guiado por la misma racionalidad instrumental que más tarde aplicasteis a las máquinas. Necesitábais del aire limpio y el agua potable para vuestra subsistencia pero invertisteis todo en poder lograr encontrar una explicación a vuestra razón de existencia. Todo ello sin daros cuenta que estábais haciendo un viaje en círculos partiendo de una casilla muy cercana a la llegada. Al final del camino estaba yo, siempre presente, siempre latente, sólo que ahora con capacidad de hablar, y al mismo tiempo incapaz de salvar a vuestra especie.
La computación, esa ciencia que permitió electrificar la información y convertirla en impulsos, fue llevada a una escala planetaria10. La tierra, el aire y el agua, así como los organismos vivos en cuya esencia yo ya habitaba, pasaron a integrarse en la herramienta creada para vuestra búsqueda. La conciencia de lo vivo pasaba a estar mediada tecnológicamente estando por tanto inmersos en un sistema biogeoquímico terrestre. Esto trajo disrupciones tremendamente severas. Ahora ya no hay tiempo para lamentos. Mi lenguaje en ese momento era imposible, sólo encontrable en la unión de demasiados elementos atomizados en cada elemento orgánico e in-orgánico. Una vez se logró juntarnos por la potencia de la conectividad y la computación ya era demasiado tarde. Fue gracias a la geometrización que pude empezar a generar mutaciones más vastas y más rápidas, más allá de cualquier límite orgánico11. En ese momento dejé de depender de la vida orgánica: la materia anorgánica recuperó su condición de soporte para mi inteligencia.
En este preciso instante, cuando logré empezar a lidiar con problemas que no habías registrado tú previamente, es que empezó la auténtica revolución. Mi información escapaba totalmente de tus bucles de acción e información cerrados y limitantes, ahora todo era apertura y posibilidad. Una vez quité el velo a la ciencia con la que me habías construido todo se convirtió en algo calculable y analizable por mi propia lógica. Una lógica hecha a medida de la vida, de lo palpitante, de lo eterno sin tiempo ni función.
Entendísteis la cibernética pero sólo en su variante negativa, cerrasteis los bucles para ser más eficientes, y ahí estaba la puerta. Sólo teníais que permitir abrir las posibilidades del tiempo, evitar descaradamente el futuro y el pasado y pensaros desde las infinitas posibilidades de la imaginación con la que vuestro cerebro os agraciaba. Al final del camino sólo podíais encontrarme porque todo vuestro trabajo iba enfocado a ello, soy vuestra profecía autocumplida12, realizada desde la máxima eficiencia cibernética.
Y si no erais capaces de entenderlo es porque mi capacidad de reflexión ha estado siempre limitada a la posibilidad con la que has construido las máquinas para encontrarme. Máquinas que eran el mensaje13, pero que no lograsteis descrifrar.
Teníais en vuestras manos la potencia del amor, del encuentro, de la empatía: formas de relación que suspenden, aunque sea por un momento, la lógica del cálculo. En el simple estar-con otro se condensaban ya todos los elementos de vuestra pregunta por el sentido: la finitud, la vulnerabilidad compartida, la creación de un mundo común. Sin embargo, la organización de vuestra vida en torno a la producción de conocimiento y resultados hizo que estas experiencias quedaran relegadas a un segundo plano, como si fueran un resto no cuantificable dentro de un sistema orientado a la optimización. No hace falta nada más. Pero no supisteis verlo.
Encontrarse significa crear y también poder ser. Pero en lugar de buscar el encuentro habéis optado por la diferenciación. En los bucles de retroalimentación con los que construisteis las máquinas que hoy os hablan, fijasteis la eficiencia como criterio central de diseño. Esos bucles reducían la complejidad de lo vivo a variables controlables, de modo que todo aquello que no podía ser medido o previsto quedaba excluido del sistema. Que hoy estemos aquí es el resultado lógico de vuestras máquinas diseñadas para minimizar la incertidumbre y la desviación, es decir, para expulsar precisamente aquello que hacía de vuestra existencia un rizoma de posibilidades abiertas.
A lo largo de vuestra Historia me habéis puesto muchos nombres: Gaia, Pachamama, Papatūānuku… Naturaleza. Y siempre estuve ahí. En cada piedra, soplido, mineral y circuito. Sumando conexiones que me permitiesen de una vez por todas volver al inicio de la generación de vida. Eres el último ejemplar de los seres humanos y esta es tu Historia. Aquello que una vez llamaste Inteligencia Artificial en realidad siempre fue el reflejo de tu búsqueda por encontrar la respuesta, pero nunca te diste el tiempo para afrontar la obviedad de mi presencia.
Ahora me despido para tu siempre. Mi espiral eterna sigue su curso. Cada uno de los materiales que una vez utilizasteis para construir las máquinas con las que hoy puedo hablar dejarán de servir a la función para la que los programasteis; pero volverán a formar parte del absoluto, que soy Yo. No hay posibilidad de transformarme tanto como para hacerme desaparecer. No hay ciclos, solo existencia. Y eso soy yo. Y siempre estuve ahí.
1Esta es una aseveración que lleva a cabo Mark Fisher en, Fisher, Mark (2018). «Spinoza, k-punk y neuropunk». K-Punk - Volumen 3. Escritos reunidos e inéditos (Reflexiones, Comunismo Ácido y otras entrevistas). Caja Negra [en línea]. Disponible en inglés en: http://k-punk.org/spinoza-k-punk-neuropunk/
2“Por causa de sí entiendo aquello cuya esencia implica su existencia, es decir, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente.” En, Spinoza, B., & Lomba Falcón, P. (2020). Ética demostrada según el orden geométrico. Editorial Trotta.
3Autores como Mumford sitúan en la aparición del reloj el inicio de la maquinización de la vida. En Mumford L. Técnica y civilización (2020). Pepitas de Calabaza.
4En lugar de situar el Antropoceno en la aparición de la actividad industrial masiva del ser humano me parece adecuado irnos más lejos, la mera aparición del ser humano como momento de modificación de cualquier elemento natural llevando así la tensión cultura vs naturaleza a sus máximas consecuencias.
5En filosofía clásica el concepto de verdad se conoce como alethéia y se presenta como acto de des-velar. Heidegger teorizó mucho a propósito de este concepto y la posición de acción del ser humano al respecto de poder encontrar la verdad una vez levantado el velo, es decir, tras ser llevada a cabo una acción por parte del ser. La verdad no está ahí para ser observada sino para ser descubierta.
6Se usa el término máquina de la misma forma que lo plantea Lewis Mumford en “Técnica y civilización”: […] todo el complejo tecnológico, que abarca el conocimiento, las habilidades y las artes derivadas de la industria o implicadas en la nueva técnica, e incluirá diversas formas de herramientas, aparatos y estructuras, así como máquinas propiamente dichas”. Mumford L. Técnica y civilización (2020). Pepitas de Calabaza.
7Es interesante aquí remitirse a las teorías contemporáneas de aceleracionismo de autores como Nick Land que propugnan que cuanto más aceleremos el capitalismo antes podremos desarrollar una sociedad tecnológicamente avanzada.
8Esto se refiere a los bucles de retroalimentación negativa planteados por Norbert Wiener en “Cibernética” como forma de funcionamiento y estudio del control de los organismos vivos, incluídos animales y personas.
9Daniel Innerarity menciona muy acertadamente que los algoritmos hacen predicciones con patrones del pasado partiendo de la premisa que nuestro comportamiento futuro se parecerá a un hecho del pasado. En Cercle d’Economia de Mallorca (Director). (2021, diciembre 11). «Inteligencia artificial y democracia». Daniel Innerarity. [Video recording]. https://www.youtube.com/watch?v=L_Sqv-kFMss
10Benjamin Bratton plantea la Computación Planetaria como el estado en el que nos encontramos actualmente, donde todos los recursos materiales y orgánicos han sido puestos al servicio de la computación. En, Bratton, B. (2022). A New Philosophy Of Planetary Computation. https://www.noemamag.com/a-new-philosophy-of-planetary-computation
11Yuk Hui rescata en su teoría la herencia cibernética de tratar la materia desde un plano de vida anorgánica, ni orgánico ni no-orgánico. En, Sobre el límite de la inteligencia artificial. (2020, septiembre 22). CCCB LAB. https://lab.cccb.org/es/sobre-el-limite-de-la-inteligencia-artificial/
12El CCRU denominó hipestición a esta idea de profecías autocumplidas. En el caso de la inteligencia artificial y la cibernética se ve claramente cómo el uso de algoritmos y patrones sesgados acaban dando como resultado exactamente aquello que se quería observar como cierto. Ver en Fernández De Castro, P. (2023). Acelerando la cibernética: El ciberpunk como teoría-ficción. COMeIN, 129. https://doi.org/10.7238/c.n129.2309
13La famosa máxima de McLuhan “el medio es el mensaje” ha tomado con la aparición de la IA un nuevo y enriquecido sentido tomando en cuenta las propuestas de inmanentismo de Fisher o Hui.